Los ríos no solo transportan agua: también liberan metano, un gas de efecto invernadero mucho más potente que el dióxido de carbono a corto plazo. Un estudio publicado en Science Advances muestra que parte de ese metano es consumido por bacterias antes de llegar a la atmósfera, pero ese filtro natural tiene límites claros y no alcanzaría para compensar el aumento de emisiones que puede traer un clima más cálido y más contaminación por nutrientes.
La investigación comparó un conjunto amplio de ríos africanos y europeos para medir cómo varía la oxidación microbiana del metano, es decir, el proceso por el cual ciertos microorganismos usan este gas y lo retiran del agua. Esa oxidación compite con otra salida posible: que el metano disuelto escape directamente a la atmósfera. Entender ese balance importa porque ayuda a estimar cuánto de lo que se produce en sedimentos y suelos ribereños termina efectivamente reforzando el calentamiento global.
Los autores encontraron que la oxidación era más intensa en cursos africanos conectados con bosques inundables y que, en general, aumentaba a medida que crecía el tamaño de la cuenca. En los ríos grandes, ese consumo bacteriano podía ser una vía de eliminación más importante que la desgasificación directa del metano disuelto. En cambio, en los arroyos de cabecera la oxidación resultó muy baja, y eso es relevante porque esos cursos pequeños aportan una fracción considerable de las emisiones fluviales totales.
La comparación entre regiones también dejó una señal llamativa. En promedio, la proporción del metano disuelto eliminada por oxidación fue bastante mayor en los ríos africanos que en los europeos. La nota difundida junto al estudio atribuye parte de esa diferencia a la mayor conexión con humedales en África y, del lado europeo, a alteraciones humanas como la ingeniería de orillas y la presencia de especies invasoras filtradoras que pueden modificar el funcionamiento ecológico del sistema.
El resultado no significa que las bacterias sean irrelevantes. Al contrario, confirma que cumplen una función real como barrera biológica frente a las emisiones. Pero también sugiere que esa barrera es frágil. Si el calentamiento y la eutrofización favorecen una mayor producción de metano, la capacidad de oxidarlo dentro de los ríos no crecería lo suficiente como para neutralizar ese aumento. En otras palabras, la naturaleza ya ofrece un freno parcial, pero no uno capaz de absorber por sí solo la presión extra que generan los cambios ambientales.
Conviene no leer este trabajo como una regla universal para todos los ríos del planeta. El estudio identifica patrones robustos entre regiones y tamaños de cauce, pero no mide todos los ambientes posibles ni predice con exactitud cuánto aumentarán las emisiones futuras en cada cuenca. Además, varias relaciones con factores como el pH, los nutrientes o la materia en suspensión no siguieron de manera simple lo que sugerían experimentos de laboratorio. Aún así, el trabajo aporta una idea importante para la discusión climática: no basta con saber cuánto metano producen los ecosistemas acuáticos; también hay que entender dónde ese gas encuentra un filtro biológico eficaz y dónde, en cambio, casi no encuentra resistencia antes de escapar al aire.
River bacteria consume methane but fall short as global warming boosts emissions · Phys.org
Ciencias.uy / MiniMax image-01 · Imagen generada con MiniMax image-01 para Ciencias.uy; uso editorial no comercial; CC BY 4.0 · Fuente de imagen
Borges, A. V., Morana, C., Roland, F. A. E., Okello, W., Isumbisho, M., Bowanga, J.-J., Kashala, L., Omeja, P., Champenois, W., & Bouillon, S. (2026). Methane oxidation in African and European rivers depends on stream size and wetland connectivity. Science Advances, 12(29), eaeb8250. https://doi.org/10.1126/sciadv.aeb8250
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