Euclid descubrió un cometa donde no esperaba encontrarlo

El telescopio Euclid detectó un objeto desconocido en imágenes profundas del cielo y la confirmación posterior lo identificó como el cometa C/2026 S1.

Por Redacción Ciencias.UY 19 de octubre de 2026 a las 11:45 4 min de lectura
Imagen: esa.int Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada Fuente de imagen
Estela del cometa C/2026 S1 (Euclid) sobre un campo de estrellas, observada por el telescopio Euclid.

El telescopio espacial Euclid fue concebido para mirar muy lejos: su misión principal es cartografiar galaxias y estudiar cómo la materia oscura y la energía oscura influyen en la estructura del Universo. Sin embargo, entre el 16 y el 24 de septiembre registró algo mucho más cercano y móvil: un cometa que no figuraba en los catálogos astronómicos. Tras la confirmación de otras observaciones, el objeto recibió el nombre C/2026 S1 (Euclid).

El hallazgo empezó con una señal inesperada en las imágenes profundas del telescopio. El programa de detección de objetos móviles usado por Mikko Pöntinen, de la Universidad de Helsinki, señaló una estela extendida en varias tomas. Al calcular dónde debía aparecer de nuevo, el equipo la encontró en cinco conjuntos de imágenes. En total, Euclid había captado el objeto en 16 exposiciones. La revisión detallada mostró además una envoltura difusa alrededor de la estela: una coma, la nube de polvo y gas que delata la actividad de un cometa.

Una imagen aislada no basta para anunciar un descubrimiento. Los investigadores compararon la posición observada con los catálogos de cometas y asteroides conocidos y no encontraron coincidencias. Luego comunicaron las mediciones al Minor Planet Center de la Unión Astronómica Internacional, que reúne avisos de observatorios de todo el mundo, calcula trayectorias y asigna las designaciones oficiales. Las observaciones de seguimiento desde tierra permitieron confirmar el 8 de octubre que se trataba de un nuevo cometa.

El caso es poco habitual porque Euclid no está diseñado para perseguir objetos del Sistema Solar. Su modo de trabajo consiste en apuntar a una región del cielo, tomar imágenes muy precisas y pasar a la siguiente; normalmente no vuelve de inmediato al mismo lugar. Además, evita buena parte de la franja del cielo donde se mueven planetas, asteroides y cometas, para reducir la luz dispersa que puede interferir con su estudio de galaxias lejanas. Que el cometa apareciera repetidamente en su recorrido fue una coincidencia favorable y, a la vez, una prueba de que esas imágenes pueden servir para detectar objetos pequeños que atraviesan el campo observado.

Según la Agencia Espacial Europea, C/2026 S1 está a unos 1.300 millones de kilómetros de la Tierra, a una distancia del Sol comparable a la región situada entre las órbitas de Júpiter y Saturno. Su trayectoria está muy inclinada respecto al plano de los planetas y tardaría miles de años en completarse. Esos datos todavía no son definitivos: la órbita se irá afinando a medida que se sumen nuevas mediciones.

Por ahora, la detección no permite concluir de qué está hecho el cometa ni reconstruir su historia completa. Su valor inmediato está en la cadena de evidencia: una señal encontrada en un archivo de imágenes, repetida en distintas observaciones, contrastada con catálogos y confirmada por una red independiente. También deja una lección práctica para futuras misiones: incluso un telescopio dedicado a mirar el Universo distante puede contribuir a vigilar los visitantes más tenues del vecindario solar.

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