La discusión sobre cómo vivían los espinosaurios suma una pieza nueva. Un estudio reciente propone que estos dinosaurios podrían haber tenido glándulas de sal en la región del cráneo situada sobre los ojos, una adaptación conocida en varias aves y reptiles que hoy viven en contacto frecuente con agua salada. Si la interpretación es correcta, reforzaría la idea de que algunos espinosaurios estaban mejor preparados que otros dinosaurios para moverse en ambientes costeros o salobres.
Los espinosaurios llevan años ocupando un lugar singular en la paleontología. Sus hocicos largos, dientes cónicos y otros rasgos anatómicos ya habían alimentado la hipótesis de que pasaban buena parte del tiempo cerca del agua y que capturaban presas acuáticas. Pero una cosa es usar ríos, lagunas o estuarios para alimentarse, y otra distinta es contar con adaptaciones fisiológicas que ayuden a tolerar grandes cantidades de sal. Ahí es donde entra este nuevo trabajo.
Según los autores, ciertos surcos y cavidades en huesos del cráneo de espinosaurios son compatibles con la presencia de glándulas supraorbitales de sal, estructuras que en animales actuales ayudan a expulsar el exceso de sales ingeridas con el agua o con la comida. Esa clase de adaptación aparece en aves marinas, iguanas marinas y algunos reptiles costeros. En el caso de los espinosaurios, no demostraría por sí sola una vida plenamente marina, pero sí sugeriría una mayor capacidad para soportar condiciones de alta salinidad.
La importancia del hallazgo está en que agrega una evidencia fisiológica a un debate que muchas veces se apoyó sobre todo en huesos, densidad corporal o forma de la cola. En vez de preguntar solo si estos dinosaurios podían nadar o pescar, el estudio empuja otra cuestión: si también tenían herramientas biológicas para vivir con regularidad en zonas donde el agua y las presas podían aportar mucha sal. Eso ensancha la imagen de la diversidad ecológica de los dinosaurios y muestra que algunos linajes pudieron acercarse más al mundo costero de lo que se pensaba.
Al mismo tiempo, el trabajo no cierra la discusión. Tener glándulas de sal no convierte automáticamente a un animal en marino, y tampoco resuelve por sí solo cuánto nadaban los espinosaurios, qué tan lejos se internaban en el mar o cuánto dependían de ríos y humedales continentales. Incluso entre animales actuales, estas glándulas pueden asociarse con estilos de vida muy distintos. Por eso la nueva evidencia funciona mejor como una pieza importante dentro del rompecabezas que como un veredicto final.
Ese matiz también aparece en la interpretación evolutiva. Los autores sugieren que, aún si los espinosaurios desarrollaron una adaptación de este tipo, su transición hacia ambientes marinos pudo haber estado limitada por otras restricciones anatómicas o ecológicas. En otras palabras, habrían avanzado en esa dirección sin llegar a ocupar el mar abierto como lo hicieron otros grandes reptiles del pasado.
La conclusión más prudente es que los espinosaurios siguen volviéndose más extraños e interesantes cuanto más se los estudia. Este nuevo trabajo no los transforma de golpe en “dinosaurios marinos”, pero sí hace más plausible que algunos de ellos estuvieran especialmente adaptados para una vida frecuente en márgenes costeros, estuarios o ambientes salobres. Y eso basta para volver un poco más compleja, y más rica, la historia de cómo los dinosaurios exploraron distintos modos de vida.
Briefing Chat: Spinosaurs with salt glands could have lived in marine environments · Nature
Ciencias.uy / MiniMax image-01 · Imagen generada con MiniMax image-01 para Ciencias.uy; uso editorial no comercial; CC BY 4.0 · Fuente de imagen
Cau, A., Gostling, N. J., Lacerda, M. B. S., Falasca, M., & Paterna, A. (2026). Avian-like salt glands in Spinosauridae. Historical Biology, 1-13. https://doi.org/10.1080/08912963.2026.2669954
Relacionadas por categoría
Ver masEl rol social cambia el crecimiento y la conducta de los peces payaso
En un experimento con peces payaso juveniles, los individuos que se volvieron dominantes crecieron más, comieron más y mostraron más agresividad que sus rivales y que peces mantenidos solos.
La luz del atardecer prepara la metamorfosis de una esponja marina
En una esponja marina, la caída de la luz al atardecer deja preparado el genoma de las larvas para responder a la señal local que inicia su metamorfosis.
Cómo el parásito de la malaria abre paso hacia los glóbulos rojos
Imágenes de alta resolución muestran cómo Plasmodium remodela por un instante la membrana de un glóbulo rojo al invadirlo.
Más de la misma fuente
Ver masUna ruta química devuelve siliconas difíciles de reciclar a una materia prima
Un estudio propone desarmar siliconas resistentes y recuperar diclorosilano, una molécula que puede volver a emplearse para fabricar estos materiales.
En ratones, la alopecia autoinmune requirió dos condiciones a la vez
Un estudio en ratones halló que la pérdida temporal de un freno inmunitario y la actividad nerviosa normal del folículo debían coincidir para desencadenar caída del pelo.
Cuando el ADN tumoral deja de detectarse, el pronóstico mejora en cáncer de pulmón operable
En un ensayo de fase 2, la desaparición de ADN tumoral circulante durante el tratamiento se asoció con más tiempo sin recaídas ni progresión en cáncer de pulmón operable.
Más del mismo autor
Ver masEl rol social cambia el crecimiento y la conducta de los peces payaso
En un experimento con peces payaso juveniles, los individuos que se volvieron dominantes crecieron más, comieron más y mostraron más agresividad que sus rivales y que peces mantenidos solos.
Los cometas difícilmente aportaron ingredientes clave para el origen de la vida
Simulaciones de impactos sugieren que las condiciones necesarias para que los cometas llevaran compuestos orgánicos útiles a la Tierra temprana fueron excepcionales.
Una ruta química devuelve siliconas difíciles de reciclar a una materia prima
Un estudio propone desarmar siliconas resistentes y recuperar diclorosilano, una molécula que puede volver a emplearse para fabricar estos materiales.