Los humedales costeros suelen aparecer en las noticias como aliados climáticos: capturan dióxido de carbono, lo almacenan en sus suelos y ayudan a amortiguar tormentas y mareas. Pero ese mismo carbono puede volver a moverse cuando la costa se erosiona. Un estudio centrado en marismas del Atlántico y del Golfo de Estados Unidos calculó ahora cuánto material carbonoso están exportando esos ecosistemas al océano a medida que pierden terreno.
La investigación combinó imágenes Landsat con datos de lidar para seguir los cambios en la línea de costa y en la superficie de los humedales entre 1985 y 2022. A partir de esa reconstrucción, los autores estimaron cuánto sedimento y cuánto carbono orgánico fueron removidos lateralmente por la erosión de los bordes de las marismas.
El resultado principal es grande, aunque no todo se traduce en una pérdida neta definitiva. Según el estudio, estos humedales costeros exportan al océano más de 660.000 toneladas métricas de carbono por año. Parte de ese carbono queda compensado por el crecimiento o la expansión de nuevos humedales en otras zonas, pero aún así el balance neto sigue siendo negativo: unas 380.000 toneladas métricas anuales.
Eso importa porque obliga a mirar el ciclo del carbono con más detalle. No alcanza con medir cuánto carbono capturan los humedales cuando acumulan materia orgánica; también hay que seguir cuánto liberan o desplazan cuando retroceden por oleaje, aumento del nivel del mar, tormentas o cambios en el aporte de sedimentos. En otras palabras, un humedal puede seguir siendo valioso para el clima y al mismo tiempo estar perdiendo parte de su función de almacenamiento si la erosión supera su capacidad de recuperación.
El estudio se enfoca en una región específica, no en todos los humedales del mundo. Aún así, el método ofrece una herramienta útil para otros litorales vulnerables. El uso combinado de satélites y topografía de alta resolución permite rastrear procesos lentos y extendidos que serían difíciles de medir solo desde tierra, sobre todo cuando se trata de miles de kilómetros de costa.
También hay límites importantes. Exportar carbono al océano no significa automáticamente que todo ese carbono termine enseguida en la atmósfera como dióxido de carbono. Una parte puede quedar enterrada, transformarse o circular durante bastante tiempo en el sistema costero-marino. Por eso el estudio no equivale a una cuenta directa de emisiones climáticas, sino a una medición de cuánto carbono sale de los suelos costeros por erosión lateral.
Aún con esa cautela, el mensaje es claro: conservar humedales no solo implica evitar que desaparezca un paisaje o un hábitat, sino también proteger una reserva de carbono que puede desestabilizarse si la costa retrocede. Entender ese balance con más precisión será clave para mejorar los modelos climáticos y para decidir qué zonas costeras conviene restaurar o defender primero.
Satellite analysis tracks carbon cost of coastal erosion · Phys.org
Ciencias.uy / MiniMax image-01 · Imagen generada con MiniMax image-01 para Ciencias.uy; uso editorial no comercial; CC BY 4.0 · Fuente de imagen
Di Vittorio, C. A., Braneon, C., Romanou, A., Norris, A., Lerner, P. E., & Peteet, D. (2026). Net lateral carbon export from eroding United States Atlantic and Gulf Coast marshes. Communications Earth & Environment. https://doi.org/10.1038/s43247-026-03911-3
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