Los elefantes no solo se comunican con sonidos que viajan por el aire. También pueden detectar vibraciones que recorren el suelo a grandes distancias, una capacidad que ayuda a explicar cómo se coordinan incluso cuando no están cerca unos de otros. Un nuevo estudio aporta una pista concreta sobre ese mecanismo: la forma y el tamaño de su oído medio parecen volverlos especialmente sensibles a vibraciones de baja frecuencia transmitidas por conducción ósea.
La investigación comparó huesos temporales de elefantes africanos y asiáticos con muestras humanas. Para eso, el equipo usó vibrometría láser tridimensional, una técnica que permite medir con mucha precisión cómo se mueven distintas partes del oído cuando reciben una vibración. En lugar de estudiar solo la audición aérea, los autores se concentraron en cómo responden los huesecillos del oído medio cuando la señal llega a través del cráneo, un camino importante para vibraciones que vienen del suelo.
Los resultados muestran que los elefantes tienen huesecillos del oído aproximadamente nueve veces más pesados que los humanos y tímpanos unas siete veces más grandes. Esa combinación desplaza su mejor respuesta a frecuencias más bajas. Según el estudio, la resonancia principal de la conducción ósea aparece alrededor de 400 hercios en elefantes, frente a unos 1.200 hercios en humanos. Además, por debajo de ese punto, la respuesta de los elefantes fue entre tres y cuatro veces más intensa que la de las muestras humanas.
Ese patrón encaja con algo conocido desde hace tiempo en el comportamiento de estos animales: los elefantes usan señales de muy baja frecuencia para orientarse, mantener contacto y reaccionar a lo qué ocurre a varios kilómetros. El trabajo sugiere que su anatomía auditiva no solo favorece oír sonidos graves en el aire, sino también captar mejor vibraciones del terreno. Los autores proponen incluso que un músculo capaz de cerrar el canal auditivo podría reforzar todavía más esa sensibilidad en frecuencias muy bajas.
La importancia del hallazgo está en que conecta un rasgo anatómico con una función ecológica real. Si los elefantes dependen de esas vibraciones para comunicarse, cambios en el ambiente sonoro y físico del paisaje podrían interferir con esa vía de información. El tránsito de vehículos, la actividad industrial o ciertas alteraciones del suelo pueden sumar ruido o modificar cómo se propagan las señales que estos animales usan.
El estudio, de todos modos, tiene límites claros. Las mediciones se hicieron en huesos temporales de animales muertos, no en elefantes vivos en plena interacción social, así que todavía falta entender cómo se integra esa sensibilidad con el comportamiento, la postura corporal y las condiciones reales del terreno. Aún así, el trabajo fortalece una idea que venía ganando apoyo: para los elefantes, escuchar también puede significar sentir el suelo.
Elephants communicate through ground vibrations thanks to large middle ear bones and a special muscle · Frontiers
Ciencias.uy / MiniMax image-01 · Imagen generada con MiniMax image-01 para Ciencias.uy; uso editorial no comercial; CC BY 4.0 · Fuente de imagen
O'Connell-Rodwell, C. E., Berezin, J. L., Dharmarajan, A., Pignatelli, A., Chen, R., Uzal, F., Guan, X., & Puria, S. (2026). Bone-Conduction Hearing in Elephants and Humans: A Middle-Ear Comparative Study. Frontiers in Audiology and Otology, 4, 1744613. https://doi.org/10.3389/fauot.2026.1744613
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