Las aves migratorias hacen viajes de miles de kilómetros con una precisión que todavía asombra a la biología. Parte de esa capacidad depende de una brújula interna que les permite usar el campo magnético terrestre como referencia. Un nuevo experimento suma una pieza llamativa a ese rompecabezas: campos magnéticos de radiofrecuencia pulsados desorientaron a aves migratorias en condiciones de laboratorio, incluso cuando la potencia media de esa señal era menor que la de otros estímulos ya probados.
El estudio fue publicado en Journal of the Royal Society Interface y trabajó con papamoscas cerrojillos (Ficedula hypoleuca), pequeños pájaros migratorios que fueron evaluados en embudos de Emlen, un dispositivo clásico para estudiar hacia qué dirección intenta orientarse un ave en temporada migratoria. Allí, el equipo comparó cómo respondían los animales bajo distintos campos oscilantes en frecuencias cercanas a 1,4 y 1,5 megahercios.
La sorpresa no fue solo que las aves perdieran su orientación, sino la forma en que ocurrió. Los campos modulados en pulsos provocaron desorientación con una amplitud menor que campos no modulados de mayor potencia media. Ese resultado no encaja bien con una de las explicaciones más discutidas para la magnetorrecepción, la llamada teoría del par radical, que propone que ciertas moléculas sensibles a la luz actúan como sensores primarios del campo magnético.
Según los autores, el experimento sugiere que al menos parte de la respuesta a estas perturbaciones podría pasar por otro sistema sensorial, distinto del mecanismo basado en espines electrónicos que suele asociarse con la proteína criptocromo. Su hipótesis es que las aves también podrían detectar alteraciones magnéticas mediante un sistema especializado en registrar perturbaciones electromagnéticas del entorno, quizá útil frente a fenómenos naturales como tormentas o fulguraciones solares.
La idea importa porque la navegación animal es uno de los grandes problemas abiertos de la biología. Entender cómo un ave distingue dirección, corrige su ruta y mantiene un curso migratorio ayuda a explicar un comportamiento central para muchas especies. También obliga a pensar mejor qué tipo de ruido electromagnético del ambiente podría interferir con esa capacidad y bajo qué condiciones lo haría realmente.
Eso no significa que cualquier fuente de radiofrecuencia desoriente automáticamente a las aves en la naturaleza. Los resultados provienen de ensayos controlados y todavía no muestran cómo se traducen a paisajes reales, donde también intervienen la luz, las estrellas, el viento, el relieve y otras claves de orientación. Además, la propuesta de un sistema sensorial alternativo sigue siendo una hipótesis de trabajo: el estudio aporta evidencia indirecta a su favor, pero no identifica todavía el órgano o la estructura exacta que estaría involucrada.
Aún con esas cautelas, el trabajo ofrece una pista valiosa porque no solo muestra que ciertas señales pueden alterar la orientación, sino que lo hacen de una manera que obliga a revisar modelos previos. A veces, un experimento importante no resuelve de una vez cómo funciona un sentido biológico, pero sí deja claro que la explicación dominante era demasiado simple. En este caso, la brújula de las aves sigue guardando secretos, aunque ahora hay una razón más precisa para buscarlos en otra parte.
Pulsed radiofrequency magnetic fields may disorient migratory birds, experiments suggest · Phys.org
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Kavokin, K., Bojarinova, J., Sannikov, D., Cherbunin, R., Pakhomov, A., Fedorishcheva, A., & Chernetsov, N. (2026). Disruption of magnetic orientation in migratory songbirds by radiofrequency magnetic fields is mediated by a specialized sensory system. Journal of the Royal Society Interface, 23(240), 20260129. https://doi.org/10.1098/rsif.2026.0129
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