La Tierra ya atravesó episodios de calentamiento abrupto mucho antes de la era industrial, y uno de ellos acaba de volver a escena por una razón incómoda: ayuda a pensar cómo un cambio relativamente pequeño puede empujar al sistema climático hacia una respuesta mucho mayor. Un estudio publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences reconstruyó un evento ocurrido hace unos 304 millones de años, durante la penúltima gran etapa glacial del planeta, y concluyó que ese episodio combinó un aumento rápido de temperatura, una gran liberación de carbono y un deterioro marcado de los océanos.
El trabajo se centra en el llamado máximo térmico Kasimoviano-Gzheliano, una perturbación breve dentro de la Edad de Hielo del Paleozoico tardío. En lugar de estudiar un mundo cálido como los que suelen usarse para comparar con otros episodios extremos del pasado, los autores analizaron un planeta que, en términos generales, seguía en una fase “fría” de su historia. Ese detalle importa porque la Tierra actual también conserva casquetes polares y regiones heladas, aunque se esté calentando con rapidez por la actividad humana. La comparación no implica que ambos escenarios sean equivalentes, pero sí vuelve a este caso más útil que otros ejemplos geológicos para preguntar cómo responden el carbono, los océanos y la temperatura cuando un sistema frío empieza a desestabilizarse.
Para reconstruir lo ocurrido, el equipo combinó varias líneas de evidencia. Una de las principales fue el estudio de isótopos de oxígeno en conodontos, pequeños restos fosilizados de animales marinos que funcionan como una especie de termómetro indirecto del agua en la que vivieron. A eso sumaron registros de isótopos de carbono y mercurio preservados en rocas, junto con simulaciones climáticas. Con ese conjunto de datos, los investigadores estiman que la temperatura media global de la superficie aumentó unos 7,5 °C, con un margen de error de alrededor de 1 °C, y que la concentración atmosférica de dióxido de carbono pasó de cerca de 300 a aproximadamente 700 partes por millón en unos 175.000 años.
La interpretación del equipo es que el episodio habría comenzado con una perturbación relativamente modesta, posiblemente asociada a más actividad volcánica, y que luego el sistema cruzó un umbral a partir del cual la liberación de carbono y el calentamiento se amplificaron. En ese sentido, el estudio usa la idea de “punto de inflexión” no como un eslogan, sino como una hipótesis física: una vez superado cierto límite, la respuesta del sistema deja de ser proporcional al empujón inicial. El trabajo también vincula ese calentamiento con señales de fuerte deterioro oceánico. Los registros sugieren que se expandieron condiciones pobres en oxígeno y ricas en sulfuro en zonas iluminadas del mar, un tipo de cambio ambiental que puede afectar de manera severa a la vida marina. El episodio coincide, además, con una crisis biológica en los océanos.
Lo más valioso del estudio no es que ofrezca una “profecía” sobre el clima del siglo XXI, sino que agrega un ejemplo concreto de cómo un planeta en estado glacial también puede sufrir saltos térmicos bruscos y daños ambientales amplificados. Eso refuerza una idea que hoy preocupa a climatólogos y ecólogos: el peligro no depende solo de cuánto sube la temperatura, sino también de cómo esa suba activa procesos de retroalimentación que liberan más carbono o empeoran otras condiciones del sistema terrestre.
Hay, de todos modos, límites importantes. El episodio estudiado ocurrió en un mundo muy distinto del actual, con continentes, ecosistemas, circulación oceánica y composición atmosférica diferentes. Además, la investigación reconstruye el pasado a partir de indicadores geoquímicos y modelos, no de mediciones directas, y los tiempos en juego se cuentan en decenas de miles de años, no en décadas. Por eso, el hallazgo no permite trasladar números ni plazos de manera literal al presente. Lo que sí ofrece es una advertencia más sobria: incluso en climas fríos de la historia profunda de la Tierra, un empujón inicial relativamente pequeño pudo ir seguido por una respuesta climática mucho más grande y por un océano menos habitable.
Late Paleozoic Ice Age warming event hints at potential climate 'tipping point' · Phys.org
Phys.org · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen
Yao, L., Algeo, T. J., Wang, Q., Zheng, W., Wei, Q., Qi, Y.-P., Sungatullina, G. M., Luo, G., Jiang, G., Tang, G., Zhang, J., Wang, H., Zhao, Y., Huang, X., Li, Q.-L., Wang, X.-D., Xie, S., & Li, X.-H. (2026). A transient global warming event during Earth's penultimate icehouse. Proceedings of the National Academy of Sciences, 123(34), e2601643123. https://doi.org/10.1073/pnas.2601643123
Relacionadas por categoría
Ver masUna sola prueba no alcanza para anticipar cómo resistirá una almeja un océano más ácido
En una almeja marina, las familias más tolerantes a la acidificación como larvas no fueron las más tolerantes después de la metamorfosis.
La sal no hizo que todos los carrizos reciclaran nutrientes de la misma forma
Un experimento con 110 genotipos de carrizo muestra que el origen de las poblaciones pesa más que una exposición breve a salinidad al recuperar nutrientes de las hojas.
El hábitat explica mejor la biodiversidad local que el clima en Finlandia
Un estudio de 503 especies muestra que el hábitat pesa más a escala local, mientras el clima explica mejor las diferencias entre regiones y años.
Más de la misma fuente
Ver masUn modelo explora choques de estrellas en el universo temprano
Un modelo que combina simulaciones cosmológicas y dinámica estelar propone que las colisiones entre estrellas pudieron ser habituales en cúmulos muy densos del cosmos temprano.
Un archivo de ARN permite reconstruir qué hizo una célula días antes
Una herramienta creada en células humanas cultivadas conserva mensajes de ARN y permite recuperar respuestas genéticas breves que una medición tardía ya no detectaría.
Un cuásar polvoriento muestra lo que las búsquedas del universo temprano pueden pasar por alto
JWST y ALMA observaron un cuásar cuando el universo tenía menos de mil millones de años y revelaron cómo el polvo puede ocultar parte de su actividad.
Más del mismo autor
Ver masEl rol social cambia el crecimiento y la conducta de los peces payaso
En un experimento con peces payaso juveniles, los individuos que se volvieron dominantes crecieron más, comieron más y mostraron más agresividad que sus rivales y que peces mantenidos solos.
Los cometas difícilmente aportaron ingredientes clave para el origen de la vida
Simulaciones de impactos sugieren que las condiciones necesarias para que los cometas llevaran compuestos orgánicos útiles a la Tierra temprana fueron excepcionales.
Una ruta química devuelve siliconas difíciles de reciclar a una materia prima
Un estudio propone desarmar siliconas resistentes y recuperar diclorosilano, una molécula que puede volver a emplearse para fabricar estos materiales.