Si se quiere entender cómo responden los bosques cuando el dióxido de carbono sube con rapidez, una opción es mirar mucho más atrás que los registros modernos. Un nuevo estudio reconstruyó la estructura de bosques de hace 56 millones de años, durante el Máximo Térmico Paleoceno-Eoceno, y encontró una señal inquietante: en ese episodio extremo de calentamiento, el dosel forestal era menos denso de lo que cabría esperar en un ambiente muy cálido y con abundante CO2.
El Máximo Térmico Paleoceno-Eoceno, conocido como PETM por sus siglas en inglés, fue un episodio relativamente breve en términos geológicos pero muy intenso. En ese intervalo entró a la atmósfera una gran cantidad de carbono, la temperatura global subió con rapidez y muchos ecosistemas terrestres y marinos cambiaron de forma marcada. Por eso se lo estudia tanto: no porque sea una copia exacta del presente, sino porque ofrece un experimento natural sobre cómo responde la Tierra cuando el carbono aumenta de golpe.
Para reconstruir aquellos bosques, el equipo trabajó con cutículas de hojas fósiles, es decir, la capa superficial que conserva patrones microscópicos de las células vegetales. A partir de esas huellas pudieron estimar cuánta luz llegaba a las hojas y, con eso, inferir cómo era el dosel del bosque. La idea central es simple: las hojas que crecen en sombra profunda no se organizan igual que las que reciben más luz. Esa diferencia permite reconstruir si un bosque era cerrado y espeso o más abierto.
El resultado apunta a una disminución del dosel bajo concentraciones elevadas de CO2 durante el PETM. En términos sencillos, los bosques analizados parecían más ralos, con una cobertura menos cerrada. Eso importa porque el dosel regula buena parte del funcionamiento del ecosistema: influye en la humedad, la temperatura del suelo, el reciclaje de nutrientes, la disponibilidad de luz y el espacio para otras especies de plantas y animales.
La interpretación propuesta por los autores es que el aumento rápido del carbono no solo calentó el clima, sino que también alteró la manera en que se organizaban los bosques. Un dosel más abierto puede reflejar estrés ecológico, cambios en las especies dominantes o una productividad distinta a la esperada. En cualquier caso, sugiere que más CO2 no implica automáticamente bosques más frondosos o más estables, una idea que a veces aparece de forma simplificada en discusiones públicas.
El trabajo no permite trasladar números del PETM de forma directa al siglo XXI. Los continentes estaban en otra configuración, las especies eran distintas y el ritmo exacto de cambio no fue el mismo. Además, las conclusiones dependen de indicadores fósiles e inferencias sobre ambientes muy antiguos. Aún así, el estudio deja una advertencia útil: cuando el carbono aumenta rápido, la respuesta de los bosques puede incluir pérdidas de densidad estructural, no solo cambios de temperatura.
Eso vuelve al pasado profundo una herramienta concreta para pensar el presente. Más que ofrecer una profecía, estos registros ayudan a ampliar el mapa de posibilidades sobre cómo pueden reorganizarse los ecosistemas cuando el clima cambia con fuerza. Y en ese mapa, los bosques no aparecen simplemente como telón de fondo del calentamiento, sino como una de las partes que más pueden transformarse.
Paleontologists reconstruct forests of 56 million years ago with chilling parallels for our warming planet · Phys.org
Phys.org · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen
Dunn, R. E., Dechesne, M., Foreman, B. Z., Nace, K., West, J. M., & Currano, E. D. (2026). Forest canopy decline under elevated CO2 during the Paleocene-Eocene Thermal Maximum. Science, 393(6812), 696-701. https://doi.org/10.1126/science.aec4776
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