Cuando sube la temperatura, no todos los animales pueden refugiarse, sudar o regular su cuerpo desde adentro. Los anfibios dependen mucho más del ambiente para sostener sus funciones básicas, así que el calentamiento no solo cambia dónde viven: también cambia cómo comen, cuánto crecen y en qué estado llegan a la adultez. Un nuevo estudio sugiere que los renacuajos pueden ajustar su dieta para responder al calor, pero esa flexibilidad tiene un techo.
El trabajo, publicado en Scientific Reports, se centró en el sapo ibérico (Bufo spinosus). Los investigadores criaron renacuajos bajo tres temperaturas distintas, 12, 16 y 20 grados, y les ofrecieron tres regímenes de alimentación: una dieta animal, una vegetal o la posibilidad de elegir entre ambas. La idea era probar si, frente al aumento de temperatura, estos animales podían compensar el desequilibrio energético y nutricional cambiando de alimento.
Eso fue exactamente lo que ocurrió, al menos en parte. A temperaturas más bajas, los renacuajos incorporaban una proporción mayor de alimento de origen animal. Cuando la temperatura aumentaba, en cambio, tendían a comer más material vegetal y también a incrementar su consumo total. Los individuos con posibilidad de elegir, además, solían rendir mejor que aquellos obligados a mantener una dieta fija. Pero esa capacidad de ajuste no alcanzó para borrar los efectos del calentamiento.
A medida que el agua se volvía más cálida, el desarrollo se aceleraba de forma drástica. Los renacuajos mantenidos a 20 grados completaban su etapa larvaria mucho antes que los criados a 12 grados. El problema es que esa rapidez venía acompañada de costos: los animales emergían más pequeños y en peor condición corporal. El estudio también detectó cambios en la composición elemental de sus tejidos, una señal de que el aumento de temperatura no solo altera la velocidad de crecimiento, sino también la forma en que procesan y almacenan nutrientes.
La relevancia del hallazgo va más allá de una sola especie de anfibio. Los autores sostienen que este es el primer experimento en un vertebrado que muestra de manera directa que la compensación dietaria frente al cambio climático está limitada por restricciones fisiológicas. Eso ayuda a entender por qué algunas respuestas adaptativas pueden parecer prometedoras al principio, pero no bastan cuando el calentamiento sigue avanzando. Si un animal necesita comer de otra manera para sobrevivir al calor, pero aún así sale de la fase juvenil más chico y en peor estado, la ventaja puede resultar transitoria.
También hay posibles efectos en cadena. Los anfibios forman parte de redes alimentarias acuáticas y terrestres, de modo que un cambio en su dieta o en la composición de sus tejidos puede repercutir en sus depredadores, en sus presas y en el flujo de nutrientes del ecosistema. Conviene, de todos modos, no extender el resultado más de lo debido. El estudio se hizo en condiciones experimentales controladas y con una especie concreta, por lo que todavía falta saber hasta qué punto este patrón se repite en otros anfibios y en ambientes naturales más variables. Aún así, deja una advertencia clara: incluso cuando los animales logran adaptarse un poco al calor, esa capacidad puede no ser suficiente para seguirles el ritmo a temperaturas cada vez más altas.
Climate change is forcing amphibians to change their diet—but they can only adapt so far · Phys.org
Phys.org · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen
Bento, S., Deeks, E., Martelo, J., et al. (2026). Temperature constrains diet-induced plasticity in the life-history of an aquatic vertebrate. Scientific Reports, 16. https://doi.org/10.1038/s41598-026-55894-y
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