Los alimentos inseguros siguen siendo una de las amenazas sanitarias más extendidas y menos visibles del mundo. Una nueva estimación difundida por la Organización Mundial de la Salud y publicada en The Lancet Global Health calcula que en 2021 causaron alrededor de 866 millones de enfermedades y 1,5 millones de muertes. La carga no se distribuye de forma pareja: los niños menores de cinco años concentran casi un tercio de todos los casos, pese a representar una fracción mucho menor de la población mundial.
El trabajo amplía de manera importante las estimaciones previas de la OMS. Esta vez analizó 42 grandes peligros transmitidos por alimentos, entre ellos bacterias, virus, parásitos y contaminantes químicos, con datos de 194 países para el período 2000-2021. Además de las infecciones gastrointestinales más conocidas, el análisis incorporó mejor el peso de exposiciones químicas como el arsénico inorgánico, el plomo y el metilmercurio, que no siempre causan cuadros agudos visibles pero sí aumentan el riesgo de enfermedad cardiovascular, cáncer o daño neurológico.
Una de las conclusiones más llamativas es que los agentes biológicos explican la mayor parte de los episodios de enfermedad, con unos 860 millones de casos en 2021, pero los peligros químicos cargan con una proporción desmesurada de las muertes. Según la síntesis, el 73% de las muertes atribuidas a alimentos contaminados estuvo vinculado a exposiciones químicas, sobre todo a arsénico inorgánico y plomo. El estudio también estima un fuerte impacto económico: unos 310.000 millones de dólares anuales en productividad pérdida, una cifra que sube a 647.000 millones cuando se ajusta por diferencias de costo de vida entre países.
El interés público de estos resultados es claro porque conectan la seguridad alimentaria con problemas cotidianos que van mucho más allá de una intoxicación puntual. La carga más alta se concentra en África y el Sudeste Asiático, y el estudio subraya que el riesgo aumenta donde fallan el agua segura, el saneamiento, la vigilancia sanitaria y el acceso a atención médica. También muestra por qué la seguridad alimentaria no depende solo de cocinar bien, sino de sistemas enteros de producción, control ambiental, transporte, regulación y diagnóstico.
La propia OMS presenta estas cifras como una base para priorizar políticas públicas y vigilancia. El informe llega además en un momento en que el cambio climático, la globalización de las cadenas alimentarias y la resistencia antimicrobiana complican todavía más el control de la contaminación. El mensaje central no es que el problema sea nuevo, sino que ahora hay una imagen más amplia y cuantificada de su magnitud humana y económica.
Como toda estimación global, el trabajo tiene límites importantes. Los autores reconocen que muchos peligros potencialmente relevantes no pudieron incluirse por falta de datos suficientes, entre ellos bacterias resistentes a antimicrobianos, residuos de pesticidas y compuestos PFAS. Tampoco se incorporaron algunos efectos de salud, como ciertas alteraciones del crecimiento o algunos desenlaces del embarazo. Por eso, estas cifras no deben leerse como una contabilidad completa de todo el daño alimentario, sino como una estimación robusta pero todavía incompleta de una carga que probablemente sea mayor.
La pieza se basa en la nota institucional de la OMS, pero prioriza el paper primario en The Lancet Global Health para sostener
Unsafe food causes 866 million illnesses and 1.5 million deaths annually, young children at highest risk · World Health Organization
www.who.int · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen
Lake, R. J., Devleesschauwer, B., Majowicz, S. E., Robertson, L. J., Jakobsen, L. S., Agudo, A., Pires, S. M., Kirk, M. D., Walter, E. S., Keddy, K. H., di Bari, C., Vaes, L., Havelaar, A. H., Roberts, C., Gobena, T., Kretzschmar, M. E., Nane, G. F., Hoffmann, S., Mughini-Gras, L., et al. (2026). WHO estimates of the global, regional, and national burden of 42 foodborne infectious and chemical hazards, 2000–21: an updated data synthesis. The Lancet Global Health, 103994. https://doi.org/10.1016/j.langlo.2026.103994
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