Una pequeña inyección de dióxido de carbono puede hacer algo más que quedar atrapada dentro del cemento: también puede cambiar la forma en que ese material se organiza mientras endurece. Un equipo del MIT siguió ese proceso casi minuto a minuto y encontró que, cuando el CO2 se incorpora muy temprano a la pasta de cemento, aparece una ruta química distinta a la habitual. El resultado fue una microestructura más uniforme y una resistencia a compresión 13% mayor a las 24 horas frente a mezclas comparables sin ese agregado.
La importancia del hallazgo no está solo en el porcentaje. El cemento y el hormigón son responsables de una fracción importante de las emisiones globales de carbono, así que desde hace años se buscan maneras de incorporarle CO2 sin perder desempeño. Ya existen empresas que inyectan ese gas en mezclas frescas para almacenarlo de forma mineralizada, pero hasta ahora no estaba claro qué ocurría exactamente dentro del material en esas primeras horas críticas en las que empieza a fraguar.
Para observarlo, los investigadores usaron espectroscopia Raman confocal in situ, una técnica que permite identificar compuestos a partir de cómo dispersan la luz de un láser. Eso les permitió seguir durante 24 horas la evolución química de muestras de pasta de cemento activadas con CO2 y detectar una fase intermedia muy fugaz que otras herramientas no habían logrado capturar con claridad.
Según el estudio, al principio el CO2 disuelto reacciona con calcio liberado por el clinker y forma carbonatos. Ese paso consume calcio que, en condiciones normales, ayudaría a que se desarrollen las fases que dan cohesión al cemento. Mientras ese calcio queda temporalmente secuestrado, los silicatos se reorganizan y forman una red transitoria de gel de sílice. Cuando el CO2 ya se ha mineralizado, la hidratación habitual retoma fuerza y ese gel funciona como molde para que aparezca más material ligante repartido de manera más homogénea por toda la mezcla.
Ese detalle ayuda a explicar por qué el cemento tratado gana resistencia más rápido. En vez de concentrarse cerca de ciertas partículas, la fase que actúa como “pegamento” del material queda distribuida con más uniformidad. También corrige una idea extendida en el campo: los cristales de carbonato de calcio, que antes se consideraban posibles disparadores directos de esa mejora, parecen ser más bien acompañantes del proceso y no su motor principal.
Si este mecanismo se confirma en sistemas más cercanos a la construcción real, podría aportar dos ventajas al mismo tiempo. Por un lado, permitiría aprovechar mejor una técnica pensada para fijar CO2 en un material que se usa a enorme escala. Por otro, ofrecería pistas para diseñar cementos que desarrollen resistencia temprana con más eficiencia, algo valioso en obras donde el tiempo de fraguado y curado influye en costos y logística.
Aún así, conviene no leer el resultado como una solución cerrada para descarbonizar el sector. El trabajo se hizo en pasta de cemento y en condiciones controladas de laboratorio, no en estructuras completas ni en todo tipo de hormigones comerciales. Además, los propios autores señalan que la dosis importa: demasiado CO2 puede atrapar más calcio del conveniente y perjudicar la química que después fortalece la mezcla. El hallazgo, entonces, no resuelve por sí solo la huella climática del cemento, pero sí vuelve más comprensible una estrategia que ya se está empezando a usar y muestra cómo una observación fina de la química puede abrir margen para materiales más resistentes y menos emisores.
A shot of carbon dioxide rewires how cement sets · MIT News Research
MIT News | Massachusetts Institute of Technology · Imagen acompañante del artículo fuente; atribución preservada · Fuente de imagen
Hajduczek, M., Sargam, Y., Monkman, S., Chaudhari, V., El Awad, S., Ulm, F.-J., & Masic, A. (2026). In Situ Raman Spectroscopy of a Silica Gel-Templated Hydration Pathway in CO2-Activated Cement. Journal of the American Ceramic Society, 109(5), e70825. https://doi.org/10.1111/jace.70825
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